Os voy a contar la historia de Sterlana, era una rusa que convivió conmigo durante medio año en mi pacífico piso de Jaén. La conocí en la estación de autobuses, era una recién llegada a nuestras tierras andaluzas, y estaba sedienta de sexo, como un buen caballero, la acompañé hasta mi piso para darle cierta información sobre estudios de la Universidad, ya que quería estudiar enfermería. En cuanto le dí lo que quería, procedió a desabrocharme la camisa que llevaba (era invierno y hacía un frío horrible) pero en cuanto terminó de quitármela, una sensación de calor se apoderó de mi cuerpo. Cuando terminó de quitarme la camisa, procedió de igual manera con mis pantalones, hasta dejarme completamente desnudo. Sterlana se agachó y se metió mi polla en su boca, me hizo una mamada enorme, típica de cualquier actriz porno profesional, solo que con más sensualidad todavía que éstas profesionales. Tenía unos labios jugosos que rozaban mi capullo una y otra vez, a la par que me agarraba los testículos e introducía mi paquete en su cavidad bucal.
Una vez terminado esto, continuó desnudándose entera, hasta acabar en bolas totalmente, nos tumbamos en mi sofá y empecé a penetrarla como si no hubiera un mañana, había un calor tremendo en aquel momento, empecé a sudar como una bestia parda. Después del sofá, la llevé hasta la mesa, donde la puse en posición perpendicular y proseguí follándomela. Más tarde, me ató a la cama de matrimonio, me vendó los ojos y ella se colocó encima mía, haciendo el movimiento de baile de polla tan maestralmente ejecutado que casi gemía de placer a la paz que veía por un pequeño hueco del vendaje sus tulgentes pechos botar, perfectos donde los haya.
Una vez acabado esto, me corrí en su boca, ya que me aproximaba al orgasmo y ella lo sabía, retiró mi polla de su preciosa vagina y la metió en su boca, salpicándole toda mi lefa en aquel momento.
Era el primer día de convivencia con Sterlana, y empezamos una relación, la cual no estaba totalmente avocada al noviazgo, debido a que yo desconfiaba mucho de ella al ser una diosa a nivel de los mortales, los celos me hubieran comido por dentro y preferí que simplemente tuviésemos una relación sexual abierta, aunque durante este tiempo no le conocí ningún otro hombre a ella, ni ella otra mujer a mi. Al cabo del tiempo, empecé a pillarme por ella cada vez más, sentía que la amaba, se notaba a la hora de hacer el amor, Sterlana me mimaba más cada vez y yo no podía resistirme a aquello. Me encantaba llegar del curro y que ella me estuviera esperando desnuda en el sofá, dispuesta para una sesión de sexo activo. Si todo iba bien, podíamos empezar a hacer el amor en aquel sofá, y luego movernos por todo el piso, llegando incluso a hacer el amor en varios sitios como la encimera de la cocina, el cuarto de baño e incluso el cuarto de las bombonas, siendo siempre el resultado sexual altamente gratificante y satisfactorio para los dos.
El tiempo seguía pasando en mi contra y cada vez me iba enamorando más de ella, no podía soportar eso, me hacía débil en un mundo donde sentir algo hacia cualquier persona más allá de una simple amistad podía causarme un gran daño, el que ama está siempre expuesto al dolor y eso me aterra. Tenía que hacer algo, porque además sabía que, a pesar de que ambos cada vez íbamos sintiendo sensaciones cada vez más fuertes el uno por el otro, la relación no iba a buen puerto y probablemente era una injusticia seguir con ella.
Sterlana era extranjera y por tanto no tenía papeles legales para residir en nuestro país, por lo tanto, al cabo de los seis meses, decidí informar a un cazarecompensas de la existencia de esta persona, para que fuese deportada y llevada lo más lejos posible de mi. En dos días, se presentó en mi residencia, armado con un revólver y unas esposas, detuvo a Sterlana, llevándosela para siempre de mi vista, acabando con mi sufrimiento y llevando a cabo un acto deleznable por mi parte, pero que me salvó de acabar hundido.


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